viernes, 6 de julio de 2012

En busca de la plena ciudadanía


En estos últimos tiempos (de crisis) son cada vez más las voces que se levantan para proclamar una clase política responsable y que esté verdaderamente al servicio de los ciudadanos.

Cierto es que quedan pocos gobiernos que cumplan sus promesas electorales y cuya prioridad no sea la de ganar las elecciones en lugar de tomar las medidas que requiere la sociedad, como bien describió Weber en “La vocación del político”. Pero no menos cierto es que si un gobierno decide tomar medidas impopulares, habrá que reconocer y  respetar su labor, al menos hasta comprobar si consigue así sus objetivos. No se trata de si el fin justifica los medios, sino de que, si no lo remediamos, no habrá ni siquiera final.

En cualquier caso, para conseguir una democracia saludable necesitamos también de una ciudadanía activa y escéptica, que no se conforme con las nuevas leyes que los gobiernos decreten, sino que participen en la vida pública, bien sea a través de partidos políticos, asociaciones o cualquier otro grupo de interés.

Como dice el sociólogo Benjamin Barber en su obra “Un lugar para todos”, en nuestra sociedad se producen una serie de paradojas según las cuales constatamos que los trabajadores no tienen tiempo de participar en la vida pública y los parados no tienen ganas. Cada vez se hace más patente que un requisito para ser ciudadano en nuestra sociedad civil es tener trabajo.

Por tanto, un gobierno que quiera mejorar la calidad democrática tendrá que recoger como primera prioridad el que sus ciudadanos tengan un medio de vida digno, con un trabajo que les permita desarrollarse. No deberá buscar aplicar medidas complementarias que en lugar de solucionar los verdaderos problemas, intenten ocultar los efectos negativos que de ellos se derivan.

La sociedad civil se fragmenta en tres mediatrices que dividen el sector público del privado, los ciudadanos que se permiten una vida “de clase media”, de los que están en condiciones de pobreza extrema y los individuos pasivos de ciudadanos activos. La intersección de estas tres variantes genera el punto que debería ser el inicio de actuación del gobierno que decide atender verdaderamente los problemas de la ciudadanía. Punto que conforma el centro de una circunferencia que engloba las tres dimensiones deficitarias económica, política y social. El esfuerzo del gobierno deber ser, pues, el de solucionar la raíz del problema que en el caso de nuestro país es el paro. El esfuerzo del sector político representativo evidentemente pasará por la práctica de la transparencia y la honestidad. Pero no podemos sólo esperar que actúen por nosotros: el esfuerzo de la ciudadanía pasa por no culpar desde la pasividad, sino involucrarse en la solución.

El problema social se convierte en un problema económico (de hecho siempre lo ha sido), y la crisis económica es a su vez una crisis ciudadana. La solución deberá estar encaminada a resolver la crisis económica, social y política. La globalidad de la solución, implica la inclusión, y si queremos de verdad resolverla debemos dejar a un lado las críticas destructivas y pasar a la acción constructiva.

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