miércoles, 8 de mayo de 2019

Las cartas están echadas


Por fin parece que son oficiales los nombres de los candidatos de los principales partidos de cara a las próximas elecciones municipales. A la espera de la confirmación de Ciro por parte de Cs y del candidato de VOX, Víctor Soler ha sido confirmado como candidato del Partido Popular por parte de quien le corresponde según los estatutos del PP, de la Dirección Regional.
Ahora falta, cómo no, las críticas de los otros partidos. Parece que ya tenían escrito el artículo; porque si la crítica de Guillermo Barber, hubiera podido ser la de continuismo con las políticas de Torró, las de Víctor han sido exactamente las mismas. Quizás esperaban que fuera un socialista el que fuera candidato del PP para poder hablar de regeneración dentro del partido.
En cualquier caso no es mi intención criticar la falta de regeneración de otros partidos como el PSOE que ha tenido a bien situar a históricos como Liduvina en puestos tan importantes de sus listas. Quizás no tengan nombres nuevos con suficiente solvencia, preparación o devoción, o quizás hayan preferido confiar en la experiencia y el buen trabajo de algunos de sus concejales. En cualquier caso, lo respeto, una palabra que parece no existir en los tiempos actuales en la clase política.
Lo que sí me ha llamado la atención es que hayan escogido de número 3 a una persona juiciosa y con gran experiencia en el  mundo de la educación. Debo felicitar que siga siendo la educación algo tan importante como para situar en un puesto estratégico a una nuevo fichaje, aunque no tan nuevo pues ya ha estado durante una legislatura trabajando día a día con los centros educativos de nuestra ciudad. Tuve la ocasión de conocerla durante un breve tiempo y de felicitarla. Ahora la felicito de nuevo y pienso que las diferencias ideológicas son compatibles con la alegría de saber que en todos los partidos dan la importancia que merece el mundo de la educación
Esperemos que gobierne quien gobierne y con quien gobierne, no dejemos a un lado algo tan esencial para los jóvenes que están en estos momentos viviendo una crisis social de enormes dimensiones. La educación es el mayor tesoro que tendrán a lo largo de sus vidas. Y eso repercutirá en la sociedad en la que viviremos en un futuro inmediato.
Estamos siempre criticando que los centros educativos no están siendo reformados y que las administraciones no se involucran lo que deberían, y es cierto, pero igualmente cierto es que tenemos un gran potencial  humano, que son los docentes que se esfuerzan cada día en preparar a los estudiantes. Docentes como José Pedro que ahora recibirá merecidamente el título de Hijo Adoptivo de la ciudad. Personas que han creído y han dedicado toda su vida a la educación, porque como dijo Bertolt Brecht Hay hombres que luchan un día y son bueno. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida. Esos son los imprescindibles”.

Al final… nada


El gobierno de Gandia acaba de anunciar que ha licitado la redacción de los proyectos para la reforma de 3 centros educativos
Esta es una muy buena noticia a primera vista, pero si miramos en perspectiva nos damos cuenta que  tras años de espera desde varias legislaturas, tras varios gobiernos de diferentes colores, tras varios cambios de gobiernos a nivel nacional, autonómico y local. Después de tener en la actualidad muchos centros educativos en deplorables condiciones, al final los ciudadanos nos quedamos igual.
Esta vez con adornos y amabilidad. Esta vez con promesas electorales, esta vez con mentiras. Pero esta vez los ciudadanos gandienses ya somos más conscientes
Los que esperábamos y los más concienzudos que no esperaban nada. El caso es que las comunidades educativas de los distintos centros escolares de Gandia no tendrán reforma, remodelación, adecuación ni centro nuevo en esta legislatura. Claro que queda el anuncio que estará para la siguiente.
Nadie duda que tarde o pronto se harán muchas reformas, la cuestión es cuándo. En los claustros de profesores ya tenemos claro que será después de nuestra jubilación. Y tampoco es importante que lo veamos nosotros. Pueden verlo nuestros hijos. La cuestión es que se deriva dinero para otros muchos proyectos como la televisión autonómica que con una audiencia del 1% se le otorga prioridad respecto a temas tan sensibles como es la educación.
Y es que algunos son maestros en no hacer nada pero prometerlo todo para la próxima legislatura. Pero cada vez somos menos los que caemos en el error de creer estas promesas que sólo pretenden arañar votos. Ahora anuncian que el gobierno de Gandia ha licitado la redacción de los tres proyectos, pero eso hubiera podido hacerlo al inicio de la legislatura porque no es más que el primer paso de una larga caminata.
Tampoco tenemos nada para el hospital pues sólo demolerlo costará 2,5 millones de euros. Y estando en una situación estratégica (en el corazón de la ciudad) además de haber dinamizado el barrio durante todos estos años, ahora como máximo hemos podido aspirar a un mercadillo que no hace más que molestar a los coches que intentan circular por el barrio
So0mos conscientes de la situación económica, pero también de que tras años de espara a la ciudad ducal le toca el turno de tener nuevos juzgados, nuevos centros. Estamos olvidados como lo hemos estado durante muchos años.
Claro que alguna rotonda siempre de guarda como as en la manga el gobierno local. Así estará disponible la del polígono Alcodar en Gandia y la de la CV- en Rótova.
La estrategia de la rotonda ha funcionado muy bien en anteriores legislaturas como cuando se hizo la de la entrada de Gandia viniendo de Valencia o la de Alicante. Quizás muchos se conformen con una rotonda cada 4 años. Pero aunque infraestructura necesaria para la ciudad, Gandia necesita mucho más dinamismo, en cada barrio. Y para ello necesitamos del dinero de la Generalitat para mejorar todas nuestras infraestructuras básicas. Para ello necesitamos la voluntad de trabajar para todos, pero ya sabemos que lo único que sí finalizarán esta legislatura es para consolidar el trabajo de los funcionarios afines al gobierno

viernes, 31 de agosto de 2018

Una nueva ley educativa sin consenso


En palabras de la nueva ministra de educación, Isabel Celáa, que a los pocos días de educación y frente a tantos retos y adversidades no ha decidido otra cosa que plantear una nueva Ley Orgánica de Educación que afectará a todo el sistema educativo con los trastornos que suponen (nuevo currículum, nuevos libros de textos, adaptación del profesorado y consecuentemente del alumnado, desconcierto y parálisis del desarrollo de la ley actual LOMCE). 

La nueva ministra defiende que su misión es empezar a dialogar con todas las fuerzas políticas, desde las de derechas hasta las de más izquierda, para alcanzar un Pacto Educativo, que considera imprescindible para España, "porque en ningún otro país de Europa cambia radicalmente el sistema educativo cuando llega un Gobierno u otro. Eso sólo ocurre aquí".

Pero no explica que cada vez que llega el PSOE al gobierno quiere hacer una ley educativa. Que todas las leyes educativas LOGSE, LOE y ahora la nueva son leyes educativas que además de fracasar han sido promulgadas por el PSOE. Es decir que tras explicar que España es una vergüenza a nivel educativo por politizar la educación, defiende hacer una nueva ley educativa. 

La falta de coherencia es total. No sólo no han necesidad de una nueva Ley Orgánica, sino que la actual legislatura está a punto de terminar (se requieren al menos 2 años para redactarla y empezar a aplicarla) y el PSOE está con una minoría insuficiente para aprobar una nueva ley y buscar el apoyo de la oposición que está intentando aplicar la vigente ley aprobada en la anterior legislatura.

El PSOE no puede contar con el apoyo de los demás partidos cuando su único objetivo es derogar las leyes aprobadas con el anterior gobierno.

Algunos ministros de educación quieren perpetuarse aprobando una nueva ley que les recuerde. Pero qué recuerdo podemos tener los españoles de una ministra que no quiere mejorar las posibles insuficiencias de una ley educativa con Reales Decretos sino derogar una nueva ley con el esfuerzo social y económico que supone, sin ninguna necesidad más que la de odio al Partido Popular al que quiere derribar todos sus proyectos iniciados.

Los ciudadanos estamos hartos de los políticos que no construyen sino destruyen, que no buscar el diálogo sino la confrontación, que no buscan mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, sino el reconocimiento y el personalismo, que no quieren contar con los demás partido, sino arrasar con aquello que defienden los otros y que demonizan a la oposición como el enemigo a combatir, como los equivocados que hay que destruir, como los adversarios que hay que despreciar, de tratar con desdén y obviando a la mayoría buscan un lugar para la memoria. Pero los ciudadanos queremos ejercer nuestro derecho al olvido.

martes, 14 de febrero de 2017

Rajoy, el presidente paciente. Rajoy el presidente imperial



No todos podríamos soportar la presión de dirigir a un país. No se trata de las críticas de la oposición, con las que tiene que lidiar todos los días, en el congreso y en los medios de comunicación. Tampoco se trata de los procesos judiciales que cada día se intentan abrir, de manera malintencionada, a ver “si cuela”, y el juez la admite a trámite, con lo cual la oposición gana como mínimo un titular y, en el mejor de los casos, una imputación, que, lejos de traducirse en una investigación judicial, como corresponde a los juzgados en el ámbito de sus competencias, se convierte en una presión insoportable, en la que se pide la dimisión, olvidando la presunción de inocencia. Estamos acostumbrados (más bien hartos) de ver cómo la oposición se preocupa únicamente de desgastar el gobierno en lugar de pensar en el bienestar de la ciudadanía.
Hemos convertido nuestro estado de derecho en un circo donde hay jueces progresistas y conservadores, pugnando políticamente con el disfraz de poder judicial y bajo el paraguas del tribunal constitucional. En esta cuestión el líder de Ciudadanos, Albert Rivera es el político más claro y contundente a la hora de denunciar la falsa separación de poderes legislativo, ejecutivo y judicial en nuestro país. Y más aún, cuando muchos de los altos funcionarios en lugar de obtener la plaza a través de un concurso de oposición donde haya primado la capacidad y el mérito de manera objetiva, lo que ha primado ha sido el amiguismo que luego se tiene que “devolver” a lo largo de toda la vida profesional, prostituyendo más aún, si cabe, la profesión.
Tampoco hay que olvidar que para los partidos políticos encontrar el equilibrio de poderes, es misión imposible y, las zancadillas se convierten en el camino inevitable para conseguir algo, teniendo el enemigo en casa, el político se preocupa de sobrevivir más que a gestionar.
Pero tras todos estos escollos, el presidente debe pensar en los ciudadanos. Parece que nos olvidamos de lo importante cuando pensamos en el día a día de los políticos. Y el problema más importante en estos momentos para la sociedad es el desempleo y toda agonía que se deriva de la situación de los parados.
Cada partido tiene su fórmula, cada partido ofrece su solución (que hipócrita e ingenuamente no es la no quieren ni pueden aplicar) y, dentro del mismo partido, cada uno también tiene su propia visión. La paciencia y determinación que necesita tener el presidente es sobrenatural. Pero Rajoy ha demostrado que era posible salir de aquella situación en la que nos había dejado el PSOE para caminar entre un valle que aunque largo parece que conduce a buen puerto.
Ahora Rajoy tiene otra asignatura pendiente. Muchos somos los que le reclamamos más democracia interna, pero parece que nuestro presidente tiene un plan trazado que ejecuta lentamente, con el lema “todo a su momento”. No acepta primarias, no acepta un militante, un voto, no acepta imposiciones de líderes regionales. Nunca lo ha hecho y parece que nunca lo hará. El tiempo dirá si ha sido un craso error o un gran acierto.
Mientras tanto, el inquebrantable presidente escucha, pero sigue en su dirección inequívoca hacia una España mejor. No aceptará referéndums de los catalanes, ni tampoco de los militantes de su partido. Realmente no acepta nada, y, asume indirectamente la responsabilidad de cualquier error que pueda cometer. Hay que reconocer la valentía, la osadía y la eficiencia de Rajoy, aunque también su testarudez.
Pocos esperaban que con los casos de corrupción a nivel nacional y autonómico el Partido Popular consiguiera mejorar sus resultados en las últimas elecciones generales, pero parece que los ciudadanos se han hartado de la persecución política a la que han sido sometidos los dirigentes populares y, los que intentan gobernar, tendrán que demostrar que saben hacer algo más que criticar, tendrán que ofrecer soluciones reales a los problemas de la ciudadanía. Y en eso, nadie gana a Rajoy.
Ahora, ante el inminente congreso parece que Rajoy no quiere grandes cambios. Ninguno dirían algunos. No por el buen resultado que le han dado sus ministros y demás cargos funcionales y orgánicos del partido, sino por el buen resultado que le ha dado seguir su propio criterio. Pero, el tiempo nos dirá si ha sido un acierto no escuchar a las diferentes sensibilidades de su partido, los más conservadores, los más regeneracionistas y los más moderados.
Está claro que no puede trabajar con las medias aritméticas de los diferentes sectores que existen en la militancia o incluso del resto de la ciudadanía, pero sí se puede trabajar cediendo en ocasiones ante las diferentes opiniones de los que también saben, y, con su buen hacer contribuyen al proyecto popular. Pero una vez más, y, sin ninguna prepotencia, Rajoy seguirá con su plan, con independencia y determinación, por encima de los que le quieren fuera, y, de los que cuestionan a sus torres, a sus caballos y a sus álfiles.
El tablero de ajedrez que ha instaurado tiene infinitas posibilidades y, un mal movimiento será aprovechado por los de dentro y por los de fuera para derrocarlo. Las piezas son muy vulnerables en los tiempos que corren. Las reinas morirán pronto, pero el juego no acaba hasta que muere el rey, y de momento los que están en jaque son el PSOE y Podemos.

jueves, 28 de julio de 2016

El voto del miedo



Hace muchos, muchísimos años que el Partido Socialista ha venido practicando el voto del miedo para con el Partido Popular. En el 96 en sus campañas electorales vaticinaban el fin de las pensiones para los jubilados y todos recordamos el perro agresivo con el que caracterizaban al futurible partido popular si llegaba al gobierno. Nada más lejos de la realidad que consiguieron acelerar la economía y garantizar las pensiones por encima de los niveles socialistas, sin olvidar el contexto económico mundial que también progresaba, aunque lo hizo por debajo de lo que España consiguió con el Partido Popular. Lo inverso que luego consiguió el PSOE que retrocedió con niveles superiores a los europeos. Quizás esa es la diferencia más significativa entre los dos partidos que han gobernado España en la democracia.

Estos días el gobierno británico ha querido infundir el pánico entre sus ciudadanos con la salida de la Unión Europea. La campañas electorales deben servir para explicar no para aterrorizar. Todos sabemos que, tras la salida, habrán nuevos pactos como el espacio Schengen donde los británicos podrán circular libremente a través de la UE como lo han venido haciendo hasta ahora. Igual que mantuvieron su moneda, y con la libra podían comerciar con el euro, con los pros y contras que la implícita volatilidad conllevaba, al igual que hacen los países no europeos como EEUU con el dólar cuya supremacía actúa indiferente frente al euro.

Ahora lo seguirán haciendo y, aunque se abre una nueva etapa, no es una etapa negra, sino diferente, con nuevos pactos que beneficien a las dos partes. Es un craso error intentar infundir miedo ante unas elecciones. El Partido Popular lo ha venido sufriendo sin fundamento y con mucha tristeza como parte de la estrategia electoral del PSOE. Los resultados a la vista están: el PP ganó las elecciones y ahora los ciudadanos del Reino Unido no se ha dejado amedrentar por las amenazas de su gobierno actual, apoyando el Brexit. No entraré a valorar si han salido beneficiados tanto ellos como la UE, pero lo que sí defiendo es la libertad de los ciudadanos para elegir su futuro sin condicionantes. Además antes de analizar las consecuencias de la salida, debíamos analizar los motivos que les han llevado a querer salir de la U.E.

En España han venido sucediendo dos acontecimientos por los que algunos estrategas también han querido infundir el miedo. El primero es el movimiento independentista catalán. Habrá que abordar la cuestión de la constitucionalidad o soluciones como nuevos pactos fiscales o nuevos modelos estatales. En cualquier caso, cada uno tiene legitimidad de defender una postura o actuación, eso sí, dentro de la legalidad vigente, explicando a la ciudadanía las repercusiones. No hacer nada no es una solución y apelar al temor tampoco lo es. Necesitamos diálogo y estudios rigurosos y objetivos de las consecuencias económicas, políticas y sociales a corto y medio plazo. 

Finalmente otro caso ha sido el del Partido Podemos (o como se llame en cada convocatoria y en cada lugar). No debemos estigmatizarlos como “los malos”. Así han llamado siempre los socialistas a los populares pensando que estaban en la posesión de la verdad. Ahora sería un error pensar que vuelven a existir los buenos y los malos. Con una sociedad tan compleja y avanzada tecnológicamente, con una democracia consolidada que cuenta con los medios tan plurales, los ciudadanos pueden acceder a toda la información y ya no funciona el voto del miedo. No es buena estrategia. No consiguió nada en España  a finales del siglo pasado cuando ganó las elecciones el Partido Popular ni en este siglo con Podemos. Cada partido tiene unas ideas que debe explicar y defender, no un adversario al que atacar.

Quien argumente con miedos es que ya no sabe cómo argumentar, muestra su debilidad, sus complejos y su rendición ante lo inevitable. Los representantes políticos no deben perder su ilusión en defender sus principios, que son dignos y respetables, igual que los principios de los partidos rivales. Es una competición, pero no todo vale. Juguemos limpio, seamos dignos porque ahora más que nunca los ciudadanos necesitamos que los políticos se respeten entre ellos.

jueves, 30 de junio de 2016

La cultura no entiende de ideologías



Nunca llueve a gusto de todos y menos cuando el dinero escasea, pero la limpieza cultural que el nuevo gobierno quiere hacer con los grandes coliseos culturales de Valencia es imperdonable.
Por un lado tenemos al Palau de les Arts que desde el pasado curso tiene una ingeniosa pretemporada con precios populares donde los espectadores pueden disfrutar de sus tres salas, con músicos y cantantes de prestigio, a óperas, zarzuelas, conciertos y recitales. Un éxito y una iniciativa más que plausible. También los melómanos pudimos disfrutar de una temporada variada original y de calidad.
Pero parece que poco a poco van transformando lo que fue en lo que quieren quieren que sea. Porque es un error pensar que la ópera o la música clásica pertenece al sector conservador y la música contemporánea, el pop, el jazz o el rock al sector progresista. Y aunque así fuera, el gobierno debe gobernar para todos, no para ellos mismos. Y, es que esta temporada (ya propia del nuevo intendente Livermore y del actual gobierno sin ningún lastre del anterior gobierno o de la anterior intendente Helga Schmidt) inicia una pretemporada diversa y convencional y que se augura exitosa como la anterior ya que ofrece obras conocidas y a precios populares. Cosa muy distinta ha ocurrido con la temporada que carece de obras conocidas y atractivas a excepción de la Traviata, que, aunque cambie la escenografía, resulta repetida cansinamente, tanto en el coliseo como en la oferta operística fuera de Les arts. ¿Falta de presupuesto? ¿Falta de imaginación?. Esta temporada no hay excusas, si no pueden realizar producciones propias, nadie se lo exige; pueden traer producciones del Teatro Real de Madrid, del Liceo de Barcelona, o de Italia, como han venido haciendo en cotras ocasiones. Incluso tras el éxito cosechado en otras ocasiones, nadie podría culparles de repetir algún título como El anillo del Libelungo. Pero en este caso, tenemos una temporada rancia y con títulos “profesionales” que nadie conoce y que no parece ser la mejor fórmula para encandilar a los clásicos y nuevos espectadores. Recordemos óperas insufribles como la de Haendel hace ya casi 10 años. Porque para los neófitos (un 90% de los asistentes) 4 horas de ópera sin arias conocidas pueden ser un tormento que desanime al espectador a repetir en nuevas ocasiones.
Por otro lado, óperas baratas a 30 euros y muy dignas ya las tenemos en la Comunitat Valenciana de la mano de compañías como Opera 2001 o ConcertLirica que nos deleitan con escenarios modestos y voces del este que, aunque explotados profesionalmente, ofrecen al espectador funciones con precios accesibles y de calidad más que aceptable, constituyendo una oferta paralela para todos los públicos y cercana a otros lugares geográficos de nuestra comunidad.
Pero Les Arts es mucho más, y sus funciones no se pueden confundir con una ópera más. No se trata de elitismo, sino de complementar las ofertas culturales. Los que nos desplazamos más de 100 km para ir a una ópera de Les Arts (por no hablar de los que vienen de otras comunidades) lo hacemos para disfrutar de un evento inolvidable, no para asistir un bolo que cumple el expediente.
Tampoco puedo olvidar criticar la falta de imaginación que supone recurrir al demasiado querido Plácido Domingo, sobrado de carisma en Valencia, Madrid y otros muchos lugares del mundo, pero cuya voz no consigue alcanzar los timbres de las nuevas voces profesionales de primer orden mundial que requiere nuestro espacio. Interpretando podrá estar en lo más alto y resultar incuestionable, dirigiendo podrá disimular la falta de energía que requiere dicha tarea, pero cantando ya no consigue emocionar a los espectadores del patio de butacas, ni que decir los del cuarto piso que oirán un susurro y sólo la nostalgia podrá hacerles vibrar. Quizás deberían plantearse nuevas fórmulas donde el tenor pudiera promocionar la temporada desde otra figura. Lo cual requiere nuevas fórmulas por parte del intendente con la aprobación de los responsables de cultura. 
Pero es que, tras la fallida temporada de Les Arts, le toca el turno al Palau de la Música de Valencia, que tras un proceso de selección ha seleccionado a su nuevo director. Concretamente el “Lerma de la música”, es decir, Vicent Ros. Que puede significar todo menos renovación. Recién nombrado por un tribunal, algo menos que imparcial, para tachar de elitista la oferta anterior del Palau. Con sus primeras declaraciones públicas, nadie pone en duda su profesionalidad, pero sí su objetividad.
Y es que, en estos momentos, la mayoría de conciertos del Palau de la Música, se ofrecen desde 10 euros. Son precios más que populares. Esta oferta combinada con los eventos gratuitos es suficiente para garantizar que el Palau de Valencia esté abierto a todos los públicos. Recordemos que Teatros y Auditorios como el de Alicante, Castellón, Torrent, Altea, Alcoi, Teulada o Gandia, ofrecen espectáculos por más de 40 euros, consiguiendo en muchas ocasiones llenos absolutos.
Las iniciativas de reinaugurar los conciertos de órgano los sábados son excelentes (falta saber la aceptación del público) porque debemos aprovechar los espacios públicos, que son de todos los valencianos, para ofrecer el máximo número de actuaciones garantizando la diversidad y la pluralidad. Pero no hay necesidad ninguna de querer arrasar con lo que hasta ahora estaba funcionando especialmente, como los conciertos de abonos de temporada que con títulos bellísimos agradaban al fiel asistente.
No se trata pues, de quién sea el nuevo director del Palau de la Música, o de la Orquesta de Valencia. Se trata de mantener lo que funciona bien, complementándolo con cualquier iniciativa que mejore la oferta cultural.
Esperemos que podamos seguir disfrutando del Palau los que hasta ahora lo hacíamos y que se consigan nuevos espectadores sin cambiar la esencia de un referente cultural de la música clásica en la ciudad y en toda la Comunitat Valenciana.