martes, 14 de febrero de 2017

Rajoy, el presidente paciente. Rajoy el presidente imperial



No todos podríamos soportar la presión de dirigir a un país. No se trata de las críticas de la oposición, con las que tiene que lidiar todos los días, en el congreso y en los medios de comunicación. Tampoco se trata de los procesos judiciales que cada día se intentan abrir, de manera malintencionada, a ver “si cuela”, y el juez la admite a trámite, con lo cual la oposición gana como mínimo un titular y, en el mejor de los casos, una imputación, que, lejos de traducirse en una investigación judicial, como corresponde a los juzgados en el ámbito de sus competencias, se convierte en una presión insoportable, en la que se pide la dimisión, olvidando la presunción de inocencia. Estamos acostumbrados (más bien hartos) de ver cómo la oposición se preocupa únicamente de desgastar el gobierno en lugar de pensar en el bienestar de la ciudadanía.
Hemos convertido nuestro estado de derecho en un circo donde hay jueces progresistas y conservadores, pugnando políticamente con el disfraz de poder judicial y bajo el paraguas del tribunal constitucional. En esta cuestión el líder de Ciudadanos, Albert Rivera es el político más claro y contundente a la hora de denunciar la falsa separación de poderes legislativo, ejecutivo y judicial en nuestro país. Y más aún, cuando muchos de los altos funcionarios en lugar de obtener la plaza a través de un concurso de oposición donde haya primado la capacidad y el mérito de manera objetiva, lo que ha primado ha sido el amiguismo que luego se tiene que “devolver” a lo largo de toda la vida profesional, prostituyendo más aún, si cabe, la profesión.
Tampoco hay que olvidar que para los partidos políticos encontrar el equilibrio de poderes, es misión imposible y, las zancadillas se convierten en el camino inevitable para conseguir algo, teniendo el enemigo en casa, el político se preocupa de sobrevivir más que a gestionar.
Pero tras todos estos escollos, el presidente debe pensar en los ciudadanos. Parece que nos olvidamos de lo importante cuando pensamos en el día a día de los políticos. Y el problema más importante en estos momentos para la sociedad es el desempleo y toda agonía que se deriva de la situación de los parados.
Cada partido tiene su fórmula, cada partido ofrece su solución (que hipócrita e ingenuamente no es la no quieren ni pueden aplicar) y, dentro del mismo partido, cada uno también tiene su propia visión. La paciencia y determinación que necesita tener el presidente es sobrenatural. Pero Rajoy ha demostrado que era posible salir de aquella situación en la que nos había dejado el PSOE para caminar entre un valle que aunque largo parece que conduce a buen puerto.
Ahora Rajoy tiene otra asignatura pendiente. Muchos somos los que le reclamamos más democracia interna, pero parece que nuestro presidente tiene un plan trazado que ejecuta lentamente, con el lema “todo a su momento”. No acepta primarias, no acepta un militante, un voto, no acepta imposiciones de líderes regionales. Nunca lo ha hecho y parece que nunca lo hará. El tiempo dirá si ha sido un craso error o un gran acierto.
Mientras tanto, el inquebrantable presidente escucha, pero sigue en su dirección inequívoca hacia una España mejor. No aceptará referéndums de los catalanes, ni tampoco de los militantes de su partido. Realmente no acepta nada, y, asume indirectamente la responsabilidad de cualquier error que pueda cometer. Hay que reconocer la valentía, la osadía y la eficiencia de Rajoy, aunque también su testarudez.
Pocos esperaban que con los casos de corrupción a nivel nacional y autonómico el Partido Popular consiguiera mejorar sus resultados en las últimas elecciones generales, pero parece que los ciudadanos se han hartado de la persecución política a la que han sido sometidos los dirigentes populares y, los que intentan gobernar, tendrán que demostrar que saben hacer algo más que criticar, tendrán que ofrecer soluciones reales a los problemas de la ciudadanía. Y en eso, nadie gana a Rajoy.
Ahora, ante el inminente congreso parece que Rajoy no quiere grandes cambios. Ninguno dirían algunos. No por el buen resultado que le han dado sus ministros y demás cargos funcionales y orgánicos del partido, sino por el buen resultado que le ha dado seguir su propio criterio. Pero, el tiempo nos dirá si ha sido un acierto no escuchar a las diferentes sensibilidades de su partido, los más conservadores, los más regeneracionistas y los más moderados.
Está claro que no puede trabajar con las medias aritméticas de los diferentes sectores que existen en la militancia o incluso del resto de la ciudadanía, pero sí se puede trabajar cediendo en ocasiones ante las diferentes opiniones de los que también saben, y, con su buen hacer contribuyen al proyecto popular. Pero una vez más, y, sin ninguna prepotencia, Rajoy seguirá con su plan, con independencia y determinación, por encima de los que le quieren fuera, y, de los que cuestionan a sus torres, a sus caballos y a sus álfiles.
El tablero de ajedrez que ha instaurado tiene infinitas posibilidades y, un mal movimiento será aprovechado por los de dentro y por los de fuera para derrocarlo. Las piezas son muy vulnerables en los tiempos que corren. Las reinas morirán pronto, pero el juego no acaba hasta que muere el rey, y de momento los que están en jaque son el PSOE y Podemos.

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