Nunca llueve a gusto de todos y menos cuando el dinero escasea, pero la
limpieza cultural que el nuevo gobierno quiere hacer con los grandes coliseos
culturales de Valencia es imperdonable.
Por un lado tenemos al Palau de les Arts que desde el pasado curso tiene
una ingeniosa pretemporada con precios populares donde los espectadores pueden
disfrutar de sus tres salas, con músicos y cantantes de prestigio, a óperas,
zarzuelas, conciertos y recitales. Un éxito y una iniciativa más que plausible.
También los melómanos pudimos disfrutar de una temporada variada original y de
calidad.
Pero parece que poco a poco van transformando lo que fue en lo que quieren quieren
que sea. Porque es un error pensar que la ópera o la música clásica pertenece
al sector conservador y la música contemporánea, el pop, el jazz o el rock al
sector progresista. Y aunque así fuera, el gobierno debe gobernar para todos,
no para ellos mismos. Y, es que esta temporada (ya propia del nuevo intendente
Livermore y del actual gobierno sin ningún lastre del anterior gobierno o de la
anterior intendente Helga Schmidt) inicia una pretemporada diversa y convencional
y que se augura exitosa como la anterior ya que ofrece obras conocidas y a
precios populares. Cosa muy distinta ha ocurrido con la temporada que carece de
obras conocidas y atractivas a excepción de la Traviata, que, aunque cambie la
escenografía, resulta repetida cansinamente, tanto en el coliseo como en la
oferta operística fuera de Les arts. ¿Falta de presupuesto? ¿Falta de
imaginación?. Esta temporada no hay excusas, si no pueden realizar producciones
propias, nadie se lo exige; pueden traer producciones del Teatro Real de
Madrid, del Liceo de Barcelona, o de Italia, como han venido haciendo en cotras
ocasiones. Incluso tras el éxito cosechado en otras ocasiones, nadie podría
culparles de repetir algún título como El anillo del Libelungo. Pero en este
caso, tenemos una temporada rancia y con títulos “profesionales” que nadie
conoce y que no parece ser la mejor fórmula para encandilar a los clásicos y
nuevos espectadores. Recordemos óperas insufribles como la de Haendel hace ya
casi 10 años. Porque para los neófitos (un 90% de los asistentes) 4 horas de
ópera sin arias conocidas pueden ser un tormento que desanime al espectador a
repetir en nuevas ocasiones.
Por otro lado, óperas baratas a 30 euros y muy dignas ya las tenemos en la
Comunitat Valenciana de la mano de compañías como Opera 2001 o ConcertLirica
que nos deleitan con escenarios modestos y voces del este que, aunque
explotados profesionalmente, ofrecen al espectador funciones con precios accesibles
y de calidad más que aceptable, constituyendo una oferta paralela para todos
los públicos y cercana a otros lugares geográficos de nuestra comunidad.
Pero Les Arts es mucho más, y sus funciones no se pueden confundir con una
ópera más. No se trata de elitismo, sino de complementar las ofertas
culturales. Los que nos desplazamos más de 100 km para ir a una ópera de Les
Arts (por no hablar de los que vienen de otras comunidades) lo hacemos para
disfrutar de un evento inolvidable, no para asistir un bolo que cumple el
expediente.
Tampoco puedo olvidar criticar la falta de imaginación que supone recurrir
al demasiado querido Plácido Domingo, sobrado de carisma en Valencia, Madrid y
otros muchos lugares del mundo, pero cuya voz no consigue alcanzar los timbres
de las nuevas voces profesionales de primer orden mundial que requiere nuestro
espacio. Interpretando podrá estar en lo más alto y resultar incuestionable,
dirigiendo podrá disimular la falta de energía que requiere dicha tarea, pero
cantando ya no consigue emocionar a los espectadores del patio de butacas, ni
que decir los del cuarto piso que oirán un susurro y sólo la nostalgia podrá
hacerles vibrar. Quizás deberían plantearse nuevas fórmulas donde el tenor
pudiera promocionar la temporada desde otra figura. Lo cual requiere nuevas
fórmulas por parte del intendente con la aprobación de los responsables de
cultura.
Pero es que, tras la fallida temporada de Les Arts, le toca el turno al
Palau de la Música de Valencia, que tras un proceso de selección ha
seleccionado a su nuevo director. Concretamente el “Lerma de la música”, es
decir, Vicent Ros. Que puede significar todo menos renovación. Recién nombrado
por un tribunal, algo menos que imparcial, para tachar de elitista la oferta
anterior del Palau. Con sus primeras declaraciones públicas, nadie pone en duda
su profesionalidad, pero sí su objetividad.
Y es que, en estos momentos, la mayoría de conciertos del Palau de la
Música, se ofrecen desde 10 euros. Son precios más que populares. Esta oferta
combinada con los eventos gratuitos es suficiente para garantizar que el Palau
de Valencia esté abierto a todos los públicos. Recordemos que Teatros y Auditorios
como el de Alicante, Castellón, Torrent, Altea, Alcoi, Teulada o Gandia,
ofrecen espectáculos por más de 40 euros, consiguiendo en muchas ocasiones
llenos absolutos.
Las iniciativas de reinaugurar los conciertos de órgano los sábados son
excelentes (falta saber la aceptación del público) porque debemos aprovechar
los espacios públicos, que son de todos los valencianos, para ofrecer el máximo
número de actuaciones garantizando la diversidad y la pluralidad. Pero no hay
necesidad ninguna de querer arrasar con lo que hasta ahora estaba funcionando especialmente,
como los conciertos de abonos de temporada que con títulos bellísimos agradaban
al fiel asistente.
No se trata pues, de quién sea el nuevo director del Palau de la Música, o
de la Orquesta de Valencia. Se trata de mantener lo que funciona bien, complementándolo
con cualquier iniciativa que mejore la oferta cultural.
Esperemos que podamos seguir disfrutando del Palau los que hasta ahora lo
hacíamos y que se consigan nuevos espectadores sin cambiar la esencia de un
referente cultural de la música clásica en la ciudad y en toda la Comunitat
Valenciana.
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