jueves, 30 de junio de 2016

La cultura no entiende de ideologías



Nunca llueve a gusto de todos y menos cuando el dinero escasea, pero la limpieza cultural que el nuevo gobierno quiere hacer con los grandes coliseos culturales de Valencia es imperdonable.
Por un lado tenemos al Palau de les Arts que desde el pasado curso tiene una ingeniosa pretemporada con precios populares donde los espectadores pueden disfrutar de sus tres salas, con músicos y cantantes de prestigio, a óperas, zarzuelas, conciertos y recitales. Un éxito y una iniciativa más que plausible. También los melómanos pudimos disfrutar de una temporada variada original y de calidad.
Pero parece que poco a poco van transformando lo que fue en lo que quieren quieren que sea. Porque es un error pensar que la ópera o la música clásica pertenece al sector conservador y la música contemporánea, el pop, el jazz o el rock al sector progresista. Y aunque así fuera, el gobierno debe gobernar para todos, no para ellos mismos. Y, es que esta temporada (ya propia del nuevo intendente Livermore y del actual gobierno sin ningún lastre del anterior gobierno o de la anterior intendente Helga Schmidt) inicia una pretemporada diversa y convencional y que se augura exitosa como la anterior ya que ofrece obras conocidas y a precios populares. Cosa muy distinta ha ocurrido con la temporada que carece de obras conocidas y atractivas a excepción de la Traviata, que, aunque cambie la escenografía, resulta repetida cansinamente, tanto en el coliseo como en la oferta operística fuera de Les arts. ¿Falta de presupuesto? ¿Falta de imaginación?. Esta temporada no hay excusas, si no pueden realizar producciones propias, nadie se lo exige; pueden traer producciones del Teatro Real de Madrid, del Liceo de Barcelona, o de Italia, como han venido haciendo en cotras ocasiones. Incluso tras el éxito cosechado en otras ocasiones, nadie podría culparles de repetir algún título como El anillo del Libelungo. Pero en este caso, tenemos una temporada rancia y con títulos “profesionales” que nadie conoce y que no parece ser la mejor fórmula para encandilar a los clásicos y nuevos espectadores. Recordemos óperas insufribles como la de Haendel hace ya casi 10 años. Porque para los neófitos (un 90% de los asistentes) 4 horas de ópera sin arias conocidas pueden ser un tormento que desanime al espectador a repetir en nuevas ocasiones.
Por otro lado, óperas baratas a 30 euros y muy dignas ya las tenemos en la Comunitat Valenciana de la mano de compañías como Opera 2001 o ConcertLirica que nos deleitan con escenarios modestos y voces del este que, aunque explotados profesionalmente, ofrecen al espectador funciones con precios accesibles y de calidad más que aceptable, constituyendo una oferta paralela para todos los públicos y cercana a otros lugares geográficos de nuestra comunidad.
Pero Les Arts es mucho más, y sus funciones no se pueden confundir con una ópera más. No se trata de elitismo, sino de complementar las ofertas culturales. Los que nos desplazamos más de 100 km para ir a una ópera de Les Arts (por no hablar de los que vienen de otras comunidades) lo hacemos para disfrutar de un evento inolvidable, no para asistir un bolo que cumple el expediente.
Tampoco puedo olvidar criticar la falta de imaginación que supone recurrir al demasiado querido Plácido Domingo, sobrado de carisma en Valencia, Madrid y otros muchos lugares del mundo, pero cuya voz no consigue alcanzar los timbres de las nuevas voces profesionales de primer orden mundial que requiere nuestro espacio. Interpretando podrá estar en lo más alto y resultar incuestionable, dirigiendo podrá disimular la falta de energía que requiere dicha tarea, pero cantando ya no consigue emocionar a los espectadores del patio de butacas, ni que decir los del cuarto piso que oirán un susurro y sólo la nostalgia podrá hacerles vibrar. Quizás deberían plantearse nuevas fórmulas donde el tenor pudiera promocionar la temporada desde otra figura. Lo cual requiere nuevas fórmulas por parte del intendente con la aprobación de los responsables de cultura. 
Pero es que, tras la fallida temporada de Les Arts, le toca el turno al Palau de la Música de Valencia, que tras un proceso de selección ha seleccionado a su nuevo director. Concretamente el “Lerma de la música”, es decir, Vicent Ros. Que puede significar todo menos renovación. Recién nombrado por un tribunal, algo menos que imparcial, para tachar de elitista la oferta anterior del Palau. Con sus primeras declaraciones públicas, nadie pone en duda su profesionalidad, pero sí su objetividad.
Y es que, en estos momentos, la mayoría de conciertos del Palau de la Música, se ofrecen desde 10 euros. Son precios más que populares. Esta oferta combinada con los eventos gratuitos es suficiente para garantizar que el Palau de Valencia esté abierto a todos los públicos. Recordemos que Teatros y Auditorios como el de Alicante, Castellón, Torrent, Altea, Alcoi, Teulada o Gandia, ofrecen espectáculos por más de 40 euros, consiguiendo en muchas ocasiones llenos absolutos.
Las iniciativas de reinaugurar los conciertos de órgano los sábados son excelentes (falta saber la aceptación del público) porque debemos aprovechar los espacios públicos, que son de todos los valencianos, para ofrecer el máximo número de actuaciones garantizando la diversidad y la pluralidad. Pero no hay necesidad ninguna de querer arrasar con lo que hasta ahora estaba funcionando especialmente, como los conciertos de abonos de temporada que con títulos bellísimos agradaban al fiel asistente.
No se trata pues, de quién sea el nuevo director del Palau de la Música, o de la Orquesta de Valencia. Se trata de mantener lo que funciona bien, complementándolo con cualquier iniciativa que mejore la oferta cultural.
Esperemos que podamos seguir disfrutando del Palau los que hasta ahora lo hacíamos y que se consigan nuevos espectadores sin cambiar la esencia de un referente cultural de la música clásica en la ciudad y en toda la Comunitat Valenciana.

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