Vengan todos al circo que le reservamos un asiento. Así Pajín
vuelve al escenario político. Esa es la verdadera renovación que anuncian
nuestros amigos, los socialistas. Y es que, aunque constatamos la juventud del
nuevo secretario general, los barones siguen con sus cuotas de poder y a
diferencia de Madina que sí quería una auténtica renovación, incluyendo
primarias en noviembre, este secretario está más hecho a medida del antiguo
poder socialista, y sólo parece obedecer las órdenes de los que continúan en la
sombra y también al sol.
Y, así las cosas, tendremos más de lo mismo. Un partido egocéntrico
y demasiado conservador para ser progresista.
Así pues tendremos un PSOE dividido con los auténticos renovadores
fuera de la cúpula y con puesta en escena para los de siempre. Tendremos una
izquierda fragmentada en grupúsculos que en el mejor de los casos ofrecerán una
alternativa de gobierno muy poco estable, pues si difícil es repartir el poder
entre los socialistas de las diversas regiones, mucho más difícil será
repartirlo entre 4 ó 5 formaciones políticas que sólo persiguen dar trabajo a
los suyos.
Flaco favor le hace esta cúpula a los simpatizantes y a los potencialmente
votantes que buscarán otras fórmulas más genuinas o extremistas como UPyD o
Podemos o la clásica IU.
Y en este escenario el Partido Popular sigue en su línea
llevar a España por el camino de la recuperación. En solitario, sí, pero con
las ideas muy claras. Por el camino de la austeridad que tan poco gusta a los
ciudadanos, pero que cada vez queda claro que es el único posible
Cada vez queda más claro que la elección será entre un
partido sensato y con una ideología clara y un pupurri que nadie sabe qué dará
de sí, pero todos sabemos qué no conseguirá, que es solucionar los problemas
económicos que tanto nos preocupan
Y para amargar estas dos grandes masas tenemos una cola de
pegamento llamada corrupción que ha salpicado y sigue salpicando a todos los
que tocan el poder. Y no se trata porque tiene un componente erótico como
muchos decían, sino porque la ambición desmedida hace que los líderes políticos
no se contenten con ganar las elecciones y meter a los suyos, sino que quieren
amasar millones y millones de euros, o dejar un legado que los perpetúe en la
memoria.
Para terminar, tenemos a los catalanes, que querían darnos
lecciones de ética política; y ahora nos muestran a su histórico elefante político
que fue Jordi Pujol como el padre de todos los corruptos y que en un intento
desesperado de salvar a su hijo de la cárcel confiesa lo suyo y lo que no es
suyo.
Si ya fue un escándalo la comisión del 3% que se llevaban
los líderes políticos catalanes en las adjudicaciones, sí ya fue un escándalo
lo del Palau de la Música, si ya fue un escándalo que el tripartito no llegara
ni a terminar la legislatura, ahora tenemos unos líderes que quieren hacer
pensar a su ciudadanía que la solución de todos los males es la independencia. Quizás
la primera independencia que deberían tener los ciudadanos catalanes debería
girar entorno a sus líderes corruptos.
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