Llamar a una niña Doña Leonor, princesa de Asturias y no sé
cuántos títulos más no es muy moderno que digamos. Y es que si queremos una
monarquía regenerada, no podemos seguir con la nomenclatura de la edad
medieval.
No sé si esta niña llegará a reina, presidenta o emperatriz,
pero lo que sí sé es que es una niña, que heredará como heredan todos los hijos
la fortuna de los padres… o no. Pero aunque potencialmente es una reina, los
españoles no estamos para milongas y los que no tienen trabajo no están con
ganas de honores ni de leonores.
Tras la abdicación del rey podría haber dado lugar a una
monarquía renovada donde el papel del rey es de representante del estado pero
sin vivir del cuento a costa de los españoles. Porque si hay que reconocer que
si tenemos un ejército, necesitamos un capitán general, no menos cierto es que
las funciones del capitán se deberían delimitar al ámbito en cuestión. Es
decir, los soldados le llamarán señor, ahora bien, el resto de los ciudadanos
no tiene que hacer reverencias ni genuflexiones, que bastante mal estamos de la
lumbago.
En definitiva, monárquicos o republicanos podemos aceptar
una monarquía constitucional en estos momentos que nos ha tocado vivir, pero si
los reyes quieren perpetuarse en el poder y reconquistar la simpatía de sus
ciudadanos mucho tendrán que cambiar para conseguir el respeto que en época de
crisis tanto cuesta conseguir.
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