jueves, 19 de junio de 2014

Su majestad


Llamar a una niña Doña Leonor, princesa de Asturias y no sé cuántos títulos más no es muy moderno que digamos. Y es que si queremos una monarquía regenerada, no podemos seguir con la nomenclatura de la edad medieval.

No sé si esta niña llegará a reina, presidenta o emperatriz, pero lo que sí sé es que es una niña, que heredará como heredan todos los hijos la fortuna de los padres… o no. Pero aunque potencialmente es una reina, los españoles no estamos para milongas y los que no tienen trabajo no están con ganas de honores ni de leonores.

Tras la abdicación del rey podría haber dado lugar a una monarquía renovada donde el papel del rey es de representante del estado pero sin vivir del cuento a costa de los españoles. Porque si hay que reconocer que si tenemos un ejército, necesitamos un capitán general, no menos cierto es que las funciones del capitán se deberían delimitar al ámbito en cuestión. Es decir, los soldados le llamarán señor, ahora bien, el resto de los ciudadanos no tiene que hacer reverencias ni genuflexiones, que bastante mal estamos de la lumbago.

En definitiva, monárquicos o republicanos podemos aceptar una monarquía constitucional en estos momentos que nos ha tocado vivir, pero si los reyes quieren perpetuarse en el poder y reconquistar la simpatía de sus ciudadanos mucho tendrán que cambiar para conseguir el respeto que en época de crisis tanto cuesta conseguir.

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