jueves, 12 de junio de 2014

De la desafección a la indignación


Si preguntáramos a los españoles sobre su sentimiento hacia la mayoría de organismos podríamos constatar que más que indiferencia sienten rabia.

Y aunque en parte pueden tener razón, ya que en la situación económica que sufrimos, resulta escandaloso que los eurodiputados ganen 18000 euros y viajen en primera cuando los ciudadanos no pueden ni pagar la gasolina para ir a trabajar (los afortunados que tienen trabajo), no parece ser la solución un cambio en las instituciones.

Pero no sólo es el gobierno y su corrupción, o la clase política en general, hacia la que los ciudadanos sienten cierto resentimiento, ya que podríamos añadir otros organismos como la Casa Real, los sindicatos, la Iglesia y la mayoría de instituciones que tiene alguna serie de privilegios. Y es que, sin duda, la causa la podemos atribuir a la crisis económica tan grande que sufre nuestro país y, que está produciendo un sentimiento de rabia hacia los que incurren o consienten en desigualdades que los ciudadanos consideran injustas.

Porque para ser político no hay que hacer oposiciones, sino ser amigo del que manda. El acceso y el mantenimiento a estas clases sociales es lo que indigna a las demás clases medias o bajas (lo que ahora partidos como Podemos llama “casta” muy oportunamente).

¿La solución? Más democracia. Pero sin dinero no es fácil repartir. Así pues la crisis económica genera una crisis sociopolítica que lo envuelve todo. Porque la solución a la crisis económica no es entrar o salir de Europa, o acabar con la monarquía. La crisis es global y aunque no afecta de la misma forma a todos los países, nadie escapa de su influencia mundial. Y el rey ni mejora ni empeora el resultado.

Pero los ciudadanos están cabreados -con razón- y tienen ganas de cambios, los que sean. pero una sociedad así es impredecible. Y eso no es bueno. Se ha generalizado el voto de castigo en Europa cuando la ciudadanía ha tenido oportunidad de emitirlo. Contra quien sea, independientemente de la ideología o creencia.

Los políticos lo saben, o al menos lo empiezan a entender. Lo peor del caso es que los cambios institucionales o gubernamentales no conseguirán crear empleo. Ni Felipe VI, ni Rajoy I. Ni Merkel ni Obama. El paro parece ser la única constante en estos tiempos tan revueltos

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