Lejos quedan los tiempos en los
que los escándalos de corrupción como los casos GAL, CESID, Roldan, hacían mella
en la sociedad civil
Lo nuevos casos de corrupción
como Barcenas, los ERE de Andalucía y otros muchos quedan diluidos en un mar
difuso donde no se sabe quién es peor.
No queda partido político que
haya gobernado y no haya tenido casos de corrupción. No queda político que en
su ansia de poder y egocentrismo y en su ambición desmesurada no haya
derrochado en el mejor de los casos y prevaricado y malversado en el peor de
ellos.
¿Crisis política? No parece que
los tiempos actuales sean mejores que los pasados. ¿Medios de comunicación?
Tampoco parece que estén más politizados los medios que hace unos años.
¿Desafección política? Una tesis muy de moda, pero si reflexionamos podremos
deducir que nunca ha habido gran simpatía ni participación ciudadana.
¿Crisis económica? Esta tesis sí
parece plausible, cuando en la actualidad produce más indignación cualquier
malversación, provenga de la casa real o de cualquier gobierno local,
autonómico o estatal. No importa si ha robado al mismo partido o si ha robado a
los ciudadanos. Parece que no se discrimina ante la impotencia que sufre el
ciudadano que observa como algunos “elegidos” siguen poseyendo (o robando) la
mayor riqueza que la gran mayoría cada vez más pobre.
¿Resignación? Nadie parece que
quiera cambiar nada. La emergencia de nuevos partidos políticos que siguen sin
hablar de democracia participativa, hace pensar que la clase política sigue
queriendo la democracia representativa al estilo más purista, donde el pueblo
sólo puede hablar 1 vez cada cuatro años.
¿Crisis de valores o religiosa?
El nuevo y aparente reformador Papa, habla mucho de los
pobres pero parece no entender que los pobres no quieren protagonismo sino un
trozo de pan. Cuando de asuntos sensibles a la Iglesia se trata, el Papa
dice, de forma huidiza, que algunas puertas están cerradas pero parece
olvidarse que es él quien tiene las llaves para abrir y cerrar las puertas
Ahora tenemos la menos significativa
o carismática de las elecciones: las europeas. Donde el ciudadano ni se siente
europeo ni se identifica con ningún rasgo supranacional. La independencia de
cada país repercute en la falta de solidaridad y en la realización de
actuaciones con el único objetivo de rentabilizar en el propio interés y no en
el de la sociedad general (Unión Europa en este caso).
Las economías de los famosos
BRICS no parecen emerger, sino más bien sumergirse ante un caos ante el que
sucumbe todo el planeta. Si la reserva federal americana da por finalizada la
crisis económica en EEUU, nada hace pensar que en el viejo continente las cosas
vayan a mejor. La prima de riesgo disminuye pero nadie nota las consecuencias,
no se sabe si porque Alemania empeora o porque España mejora a nivel
macroeconómico; pero lo que sí constatamos es que el paro no disminuye
significativamente, ni parece que lo vaya a hacer ni a corto ni a medio plazo.
Hemos tocado fondo. Parece que sí
pero no parece que tampoco mejoramos. Estamos más bien en el fondo submarino en
un estado de calma total cual budistas en plena meditación. Pero nada cambia: los
ricos siguen bien y los pobres siguen igual de mal o peor. Y mientras algunos
esperan y desesperan los lobos siguen devorando a la sociedad en el capitalismo
de Wall Street. Ningún mejor ejemplo que la última película de Leonardo di
Caprio para entender qué es lo que de verdad importa y que es lo que da
auténtica felicidad, aunque termine uno en la cárcel. La única verdad, el único
objetivo y camino es el de engañar a los demás para hacerlos más pobres y
enriquecerse a su costa.
Pero no cunda el pánico porque todo es posible, hasta salir
de las crisis. La económica y la política. La social y la cultural. La de
valores y la del sentido común. La del capitalismo y la de la solidaridad.
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