¿Puede ser un juez con ideología
política ser imparcial e independiente en un juicio?. Parece que cualquier persona
a la que se le pueda ubicar una determinada ideología política no sea capaz de
ejercer adecuadamente su profesión. Parece que sea un lastre pertenecer a un
partido político, cuando lo deseable sería que los ciudadanos tomaran parte
activa en el activismo político y conseguir una ciudadanía exigente y
capacitada para supervisar al gobierno participando en la toma de decisiones.
Si la democracia participativa es
un ideal que no debería ser utopía, ¿cómo podemos denunciar el hecho de que un
ciudadano que tenga atribuidas en sus funciones competencias que le confieran
algún tipo de autoridad pueda tener a su vez convicciones ideológicas?. Acaso, ¿el que haya corruptos, significa que todos lo
son? ¿Acaso el que haya incompetentes, significa que todos lo sean?.
Si todos nos identificamos con la
figura del ciudadano responsable y trabajador, debemos pensar que es posible el
perfil de un representante que sea honesto, competente y político.
Ser político no sólo no es malo,
sino que es lo deseable. El que las noticias de cada día nos muestren violencia
de género no concluye que debemos evitar los matrimonios para erradicarla. Y el
que algunos energúmenos ensucien el nombre de los políticos tampoco debe
significar que debamos acabar con la clase política. Clase compuesta también
por ciudadanos que sacrifican sus vidas personales por representar a los
ciudadanos con su valentía, dedicación y vocación.
Discriminar el buen hacer del
dirigente político, será la necesaria tarea de los ciudadanos, pero nunca
pensar que el mundo sería mejor sin gobernantes, pues de momento la democracia
representativa es necesaria, para lo bueno y para lo malo.
Esperemos que estos casos que
indignan a la ciudadanía sirvan para ahuyentar a los que buscan en la política
otra cosa que no sea servir al pueblo.
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