Estos últimos años nos hemos
acostumbrados a separar la prensa tradicional de aquella llamada amarilla que
tanto gusta a algunos y tan poco a otros.
La separación estaba bastante
clara y mientras la rigurosidad, objetividad y profesionalidad primaban en la
primera, en sensacionalismo dominaba a la segunda.
Aunque nunca encontrábamos un
medio apolítico (no porque fueran privados, sino porque los grupos de interés
que los fundaban y dirigían tenían una postura más que clara), y, en
consecuencia, no evitaban la cacería política, aún a sabiendas que el
desprestigio social de sectores políticos quedaba patente.
Ahora bien, parece que nuestra
prensa y otros medios de comunicación que nos nutren de la actualidad diaria,
han dado un giro buscando morbosamente aquello que parece que más atrae al
lector. Así cuando entras en Elpais.com encuentras los apuntes de Barcenas que
como dicen en un programa de la
Sexta, bien merece un monumento por la rentabilidad que le
sacan los medios para conseguir titulares.
No creo que eso sea dar
información, pero también sabemos que, con las noticias, algunos ciudadanos buscan
informarse y otros disfrutar de ver los ataques políticos. Los medios buscan
vender periódicos o ganar espectadores: es natural. Pero los ciudadanos no
debemos confundir la información del despropósito que estamos viviendo en una
actualidad tan convulsa.
Parece que se trate de una
competición de “a ver quien la hace más gorda”. Si el PSOE andaluz con los ERE
o en PP con los sobresueldos. No se trata de tapar nada, pues en democracia,
los medios de comunicación deben ser plurales y contarlo todo, pero el enfoque
y en énfasis parece que han pasado de la objetividad a la inculpación.
Los ciudadanos deben estar
informados de todo aquello que acontece en la sociedad, pero son los jueces
quienes juzgan a los ciudadanos en las respectivas audiencias, de la misma
forma que los ciudadanos deben juzgar a los políticos en las urnas. No es de
recibo que un ciudadano deba responder ante los medios de comunicación de
aquello que deberá responder ante un juez. No se trata de construir secretos de
sumario, sino de destruir el canibalismo periodístico que no distingue entre
los ingredientes que ofrece a sus clientes.
La degeneración periodística dará
lugar a la incredibilidad de los medios de comunicación y eso es algo que no
queremos nadie. La responsabilidad periodística debe superar a la política y
ciudadana en este caso, si queremos salvar algo más que la democracia.
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