Los docentes siempre hemos
defendido que la escuela no es una guardería gratuita donde los padres dejan a
sus hijos porque no pueden atenderles en su horario laboral (y fuera de él
tampoco).
Los centros educativos son
centros de aprendizaje, donde la enseñanza global significa que se transmite
algo más que contenidos. Se educa para formar a personas, en contenidos
curriculares, en valores sociales y en la cultura, en general. Al fin y al cabo
esa es la definición de la educación que contiene la última ley educativa de la
educación (LOE del 2006)
En sus últimas declaraciones
algunos sindicatos como CC.OO. defiende la posibilidad de prolongar la educación
obligatoria hasta los 18 años, para suplir, entre otros problemas sociales, el
desempleo juvenil. Pero es que desvirtuar las funciones de los centros docentes
no es ninguna solución.
Los profesionales de la educación,
siempre hemos creído que, el lugar donde debe formarse un niño es en las
escuelas y, que la educación escolar, junto con la familiar y social, son
esenciales en estas etapas. Ahora bien, la escuela no es el sustitutivo a un
reformatorio para jóvenes con problemas de conductas, si tampoco lo es del
SERVEF para jóvenes desempleados.
Desde la escuela se forma en
competencias, que los jóvenes utilizarán en pro de su autonomía personal y lo
que deben hacer los jóvenes cuando terminan sus estudios, es buscar un empleo,
no refugiarse en los centros educativos ni en sus familias para evitar afrontar
su gran desafío en la vida.
La emancipación es necesaria en
los seres humanos, y, si bien los centros educativos ayudar a formar a jóvenes
en la competencia de aprender a aprender, sería un craso error pensar que los
estudios de por vida, es la alternativa al trabajo. Fomentar la búsqueda del
empleo para desenvolverse plenamente en la sociedad va en contra del comodismo
que algunos jóvenes han encontrado en sus familias.
No jugamos a la bolsa ni buscamos
valores refugios. La educación no es un fin en sí mismo, sino un medio que nos
permite vivir en nuestra sociedad, y la educación a lo largo de la vida,
significa que debemos disfrutar de seguir aprendiendo después del periodo de la
educación formal, pero aunque todos recordamos la época de estudiante como la
mejor de nuestra vida, no podemos esperar quedarnos allí cual paraíso terrenal.
Nuestros jóvenes tienen mucha más
formación que las generaciones anteriores y mucho más potencial para afrontar
la crisis económica que padece nuestra sociedad. Son ellos los que conseguirán arreglar
lo que hemos roto los adultos. Debemos creer en ellos para que ellos crean en sí
mismos también.
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