En los últimos tiempos estamos
viendo lo que pudiere parecer el fin del bipartidismo, o una de las formas de
escenificarlo cuando los votantes desilusionados por las esperanzas que habían
depositado en los dos grandes partidos políticos que han gobernado hasta la actualidad
en España y en la mayoría de nuestras comunidades, y, que en lugar de ofrecer soluciones
a nuestros problemas, en muchos casos, se han aprovechado de unos privilegios
políticos que han degenerado en corrupción
La solución no la tienen los
pequeños partidos políticos, pero se aprovechan de este descontento para
ofrecer más transparencia, mayor participación ciudadana, y soluciones a una
crisis coyuntural. Nadie les cree objetivamente, pero en momentos de
desesperanza queremos creer con el corazón lo que no podemos concebir con la
mente.
Quizás Izquiera Unida en lugar
del inminente desaparecimiento de la escena política se erija como el nuevo Robin
Hood español que quita a los ricos para devolvérselo a los pobres. Compromís
por su parte puede dejar a un lado el “País Valencià” para centrarse en nuestra
Comunitat y aportar ideas (ficticias o no) que den solución a la economía y demás
problemas de la cuidadanía
Pero en cualquier caso lo que
hacen estos partidos minoritarios es captar los votos de indecisos y
desencantados, que buscan una alternativa inexistente, porque si el PSOE sufrió
una crisis mundial que no supo entender ni acometer a tiempo, el PP sufre la
misma crisis lastrada por un país que seguía viviendo “de rositas” y debe en
primer lugar deshacer tanto despilfarro hecho en 8 año, antes de iniciar otras
actuaciones que puedan ayudar a salir de la crisis a España, al menos salir
discretamente como hace Francia o Alemania. Esto le llevará al menos toda la
legislatura.
Nos quedan años de incertidumbre,
años de seguir con situaciones extremas con el altísimo índice de paro. Los
bancos seguirán sin arriesgarse a dar dinero a particulares y PYMES y la economía
no crecerá. Mientras tanto las elecciones se sucederán y los ciudadanos seguirán
cambiando de color, a ver si las cosas son mejores que hasta ahora. Pero el
color con el que pintamos una máquina rota no es la solución. Y la solución de
la máquina es dolorosa a corto plazo, lo cual se traducirá nuevamente en un
voto de castigo al gobierno actual. Pero nos hemos quedado sin más pruebas que
hacer.
Pero debemos evitar confundir el
cambio con el progreso. Nuevas caras no significa mejoría en la economía. La
regeneración política puede solucionar cuestiones de accountability (rendición
de cuentas) pero no salvar nuestro país con problemas estructurales que tardarán
una década en recuperarse
Ya nunca será igual que en el
2007, debemos admitirlo y saber que ahora toca trabajar más y ganar menos. Pero
trabajar también significa adentrarnos en la filosofía real de cada partido político
para ver si busca un hueco o devorar la carne cual ave de rapiña.
Mientras tanto nuestra situación
seguirá siendo desoladora. Es momento de reflexión.
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