Los estudios sociológicos revelan que cada vez es mayor el número de gente que no se preocupa por la política. Cada vez hay más gente que no confía en la clase política.
Cuando leemos los titulares de prensa en los que el PSOE recorta la distancia entre el PP o que el Sr. Rubalcaba tiene mayor índice de credibilidad que el Sr. Rajoy nos damos cuenta que ya queda muy poco en lo que confiar. Ni en los organismos oficiales que dicen lo que quieren, como quieren y cuando quieren, ni en la justicia que es ciega sólo cuando le vendan los ojos, ni siquiera en la sociedad que vive unos momentos de individualismo exacerbado.
El desafío que tiene por delante el Partido Popular de Rajoy no es sólo el de dar la vuelta a los números rojos del estado o el de devolver la confianza internacional a la economía de nuestro país. También tiene como objetivo prioritario el devolver la confianza a los ciudadanos que piensan que la decadencia política afecta por igual a los unos y a los otros.
En Gandia hemos comprobado que gobernar no es disfrutar, sino asumir una responsabilidad que el anterior gobierno no había hecho. Es reducir el déficit y optimizar los recursos en base a una gestión austera y racional. No es difícil desde el punto de vista intelectual, pero sí desde el punto de vista social ya que a todos los gobernantes nos encantaría dar sin medida todo los que nos piden los ciudadanos y colectivos. Pero por encima de la satisfacción personal está la responsabilidad política.
El Sr. Rajoy lo tiene claro. Si gobierna lo hará para todos pero con sentido común. No quiere desfavorecer a ninguna clase ni a ningún sector social, pero tampoco quiere despilfarrar. No quiere favoritismos ni revanchismos pero tampoco quiere dar continuidad a una política en la que no había control del gasto público.
Lo que quiere es una macroeconomía con el mismo sentido común que podría tener nuestra economía familiar, en la que no gastamos más de lo que tenemos, en la que las prioridades están claras y en la que el principal objetivo no es continuar en el poder.
Cuando pienso en el Sr. Rajoy, pienso en el Sr. Torró, pienso en unos líderes políticos con una manera de concebir la política como devoción, no como necesidad, como ilusión y entrega pero sin apego.
Las próximas elecciones generales están a la vuelta de la esquina y esperemos que se produzca una cambio radical en el gobierno y en la forma de gobernar.
sábado, 30 de julio de 2011
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