jueves, 5 de mayo de 2011

El fin del posmaterialismo

A tenor de las últimas estadísticas publicadas que podemos obtener en fuentes oficiales a nivel nacional como los que acaba de editar la Revista Española de Sociología u otras fuentes internacionales como los que publica la Encuesta Mundial de Valores (www.worldvaluessurvey.org) o la Encuesta Europea de Valores (www.europeanvalues.eu), podemos ver un descenso significativo del índice de las preferencias posmaterialistas (individualismo, emancipación, ecología o la libertad para elegir el sexo o aborto) frente a los valores materialistas (economía, familia y otros valores tradicionales) en lo que podríamos denominar un regreso a los valores materialistas.

A todos nos han caído siempre simpáticos los partidos políticos que defienden la construcción de parques (léase el Sr. Peris con su partido Els Verds) y su cruzada en contra de las desigualdades sociales siempre a favor de la integración de los inmigrantes y demás colectivos desfavorecidos.

Resulta gracioso cuando un inmigrante mira al Paseo de las Germanías y te dice, “eso de las plantitas en el paseo está muy bien pero en lugar de 100 árboles prefiero 20 árboles y 1 puesto de trabajo”.

Y es que es una contradicción practicar políticas posmaterialistas a favor de los inmigrantes cuando lo que demandan (y ahora junto con el resto de la ciudadanía) es empleo, es decir, los inmigrantes son los primeros materialistas.

Sinceramente, pienso que la palabra no es muy acertada, igual que los socialistas que se apropiaron de la palabra “progresistas” y que uno debe diferenciar radicalmente de la palabra progreso, de la que son más bien antónimos. Pero, de lo que no cabe ninguna duda, es, que en este ciclo económico que sufrimos, especialmente en nuestro país, la crisis ha mostrado la cara más cruda de las preferencias de los ciudadanos, y, si el terrorismo había venido siendo la primera preocupación de los ciudadanos, en estos momentos y con diferencia el paro es el alfa y omega de las preocupaciones de la ciudadanía. De los parados porque buscan empleo para poder pagar la hipoteca (los afortunados que han encontrado un banco que haya tenido a bien concedérsela) y de los trabajadores porque temen perder su puesto.

Ya no tiene sentido decir únicamente que queremos una ciudad más verde, más ecológica. Ya no tiene sentido decir únicamente que todos somos iguales o que nuestro voto es igual de importante y que somos imprescindibles para los gobernantes. Todos los gandienses sabemos lo poco importantes que somos para el Sr. Zapatero o para el Sr. Orengo que sólo se ha preocupado de nosotros antes de campaña pagando libros con bonitas imágenes de nuestra ciudad y editando revistas con todo su equipo y sus anuncios de inauguraciones para el año 2025. No le haría falta editar panfletos si hubiera demostrado en esta legislatura que ha logrado que Gandia sea una gran ciudad, no sólo en cuanto al número de habitantes, sino desde del punto de vista social, una ciudad próspera que ha progresado, que ha innovado. Los socialistas no estarían nerviosos por las elecciones como no lo está por ejemplo Rita Barberá en la ciudad de Valencia ni lo está Francisco Camps en la Comunitat Valenciana, porque revalidar el gobierno cuando se hacen las cosas bien no requiere de una campaña que sustituya lo que no se ha hecho en 4 años.
Ahora los socialistas quieren vender que son materialistas y buscan el empleo para los ciudadanos (sobre todo para los que tienen el carné del PSOE). Ahora venden un proyecto de progreso de la ciudad pero en estos últimos 25 años no se han preocupado de nada de eso ni en España ni en nuestra ciudad.

El Partido Popular ofrece lo que ha venido ofreciendo estos últimos años: una política centrada en la economía como fuente de empleo, de bienestar social y de progreso.

Los ciudadanos no necesitan de una campaña de insultos, de denuncias, ni de propaganda porque ya lo tienen claro. Los unos y los otros.

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