Menudo título ha elegido el politólogo Paul Ginsborg para su libro, y es que hay que reconocer que aunque de izquierdas es un gran pensador. Y por eso todavía tiene más mérito que sea capaz de escribir criticando al socialismo. Aunque persiga obsesivamente a Berlusconi, sus tesis son creíbles y habla de la ética civil de manera elegante. Pero mi artículo no es una recensión del libro.
El motivo de adoptar el título es por la diversidad de reflexiones que, al leerlo, le surgirán a los ciudadanos. Así pues los progresistas pensarán que el liberalismo ha dañado a la sociedad hasta niveles que todavía no podemos sopesar.
Por su parte los conservadores opinarán que el sueño decimonónico del movimiento catártico y liberador de la revolución socialista, que establecería las condiciones de un mundo poscapitalista más humano, aparentemente ha sido definitivamente desechado por la historia del siglo XX.
Pero en cualquier caso hay que rendirse ante la evidencia de que en la teoría económica del capitalismo no todos los hombres se benefician de igual modo, pero todos se benefician y aunque la globalización muestra la cara más cruda de la pobreza, los derechos de los ciudadanos a operar en el mercado son inalienables, dando lugar a lo que se denomina “la marea que eleva a todos los barcos”. A pesar de las fluctuaciones cíclicas y las desigualdades manifiestas, no se ha inventado todavía ningún sistema económico mejor que el capitalismo.
Si bien es cierto que ya los partidos políticos tienden al centro con su hibridismo ideológico, dan lugar los progresistas liberales y a los liberales sociales, ante tal demagogia, muchos seguro que reivindican la democracia directa o utopismo ateniense donde los ciudadanos se autogobernaban en lugar de dejar que lo hagan los que demuestran su incapacidad con la democracia representativa que tenemos actualmente.
Pero llegado a este punto, no podemos caer en el conformismo de un gobierno como el del Sr. Zapatero que incapaz de controlar la situación económica huye despavorido evitando planificar cualquier solución u ordenación y sitúa al Sr. Rubalcaba para acreditar la confianza, al menos hasta las próximas elecciones locales, autonómicas y nacionales.
Por mucho que un gobierno quiera maquillar o justificar su mala gestión económica, los ciudadanos nos regimos por los hechos. Y los hechos son incuestionables. Los españoles ya ni podemos salir volando de nuestro país porque los controladores se han ido antes. Y en la próxima década se espera que España pierda 2/3 de su peso económico y político. El paro no prevé bajar significativamente a corto plazo y la vivienda se desplomará en próximo año.
Cuando los datos son tan contundentes ningún sociólogo puede rendirse ante la evidencia que nuestro gobierno es inútil para los ciudadanos. Los gandienses tenemos dos claros ejemplos: el Sr. Orengo que a falta de controladores aéreos tendrá Directores Generales del tranvía y Zapatero que ha consumido sus jugadores en la reserva y ahora tira del filial para terminar un partido en el que pierde por goleada. Mejor será que el árbitro pite pronto el final.
lunes, 13 de diciembre de 2010
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